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ÍndiceCubiertaAgradecimientosNotas sobre el textoParte 1: El escritor y el arte de narrar historiasIntroducción1. Los obstáculos de las historiasParte 2: Los elementos de las historias2. El abanico de estructuras3. Estructura y ambientación4. Estructura y género5. Estructura y personajes6. Estructura y significadoParte 3: Los principios del diseño narrativo7. La sustancia de la historia8. El incidente incitador9. El diseño de los actos10. El diseño de la escena11. El análisis de las escenas12. La composición13. Crisis, clímax, resoluciónParte 4: El guionista en su trabajo14. El principio del antagonismo15. Explicaciones16. Problemas y soluciones17. El personaje18. El texto19. El método del guionistaFundido de salidaLecturas recomendadasFilmografíaNotasCréditosAlba Editorial

Dedico este libro a la feliz memoria de mis padres, quienes, cada uno a su manera, meenseñaron a amar las historias.Cuando estaba aprendiendo a leer, como no siempre me comportaba de formaadecuada, mi padre me dio a conocer las fábulas de Esopo con la esperanza de que lasmoralejas de aquellos cuentos tradicionales mejoraran mi conducta. Cada anochecer, trasadentrarme en «La zorra y las uvas» y otras fábulas similares, él asentía y me preguntaba:«¿Y qué significa esta historia para ti, Robert?». Al mirar aquellos textos y sus bellasilustraciones en color mientras intentaba dar forma a mis interpretaciones, llegué a darmecuenta lentamente de que aquellas narraciones significaban mucho más que palabras ybonitos dibujos.Más tarde, antes de entrar en la universidad, consideré que la mejor vida imaginableincluye tantos partidos de golf como sea posible, por lo que decidí hacerme dentista.«¿Dentista?», se rió mi madre. «No puedes hablar en serio. ¿Qué ocurrirá cuando sesolucionen todos los problemas odontológicos? ¿Dónde estarán entonces los dentistas? No,Bobby, la gente siempre necesitará entretenimiento. Estoy pensando en tu futuro. Te vas ameter en el mundo del espectáculo.»

AgradecimientosPor su sensibilidad hacia la verdad, por su atrevida perspicacia crítica y su insaciablevoluntad de omitir palabras innecesarias, su lógica certera, su optimismo, su inspiración por todo su amor, doy las gracias a mi esposa, Suzanne Childs.Como afortunado compañero de fatigas de unos cómplices astutos que han soportadovoluntariamente primeros borradores, lagunas, y han señalado sabiamente que las cosas nosiempre significan lo que su autor cree que significan, doy las gracias a Jess Money, GailMcNamara y a mi revisor, Andrew Albanese.Si no fuera por el asombroso sentido de la oportunidad de mi agente habría pospuestoeste libro hasta el siglo que viene. Gracias, Debra Rodman.Si no fuera por la persistencia de mi editora habría dado largas a mi agente hasta elsiglo que viene. Gracias, Judith Regan.Si no fuera por el apoyo de la Fundación de Académicos Evans y los intelectuales queconocí en la Universidad de Michigan, mi vida no se habría enriquecido tanto. Ofrezco migratitud a Kenneth Rowe, John Arthos, Hugh Norton, Claribel Baird, Donald Hall y a todoslos profesores cuyos nombres he olvidado pero cuyas enseñanzas han guiado mis días.Para acabar quiero expresar mi agradecimiento a los más importantes, mis alumnos.A lo largo de los años mi comprensión del arte narrativo ha aumentado gracias, en granmedida, a las preguntas que me habéis formulado, preguntas tanto teóricas como prácticas,que me han llevado a avanzar y a profundizar en la búsqueda de sus respuestas. Este libro noexistiría sin vosotros.

Notas sobre el textoLos cientos de ejemplos presentados en El guión se basan en un siglo de escritura deguiones y de realización de películas en todo el mundo. Siempre que me ha sido posible hemencionado más de un título de las obras más vistas y recientes que conozco. Dado queresulta imposible seleccionar películas que todo el mundo conozca y recuerde con detalle, heoptado por aquellas que se encuentran disponibles en formato de vídeo. No obstante, lo másimportante es que cada una de las películas ha sido elegida porque ilustra con claridad lo quese explica en el texto.Para evitar problemas con los pronombres, he prescindido de las construcciones quepudieran distraer al lector, así como de la molesta alternancia él/ella, y he elegido siempre laprimera forma para referirme a «los/las escritores/as de guiones».

PARTE IEL ESCRITOR Y EL ARTE DE NARRAR HISTORIASLas historias nos aprovisionan para la vida.KENNETH BURKE

IntroducciónEl guión propone principios, no normas.Las normas dicen: «Se debe hacer de esta manera». Sin embargo, los principios selimitan a decir: «Esto funciona y ha funcionado desde que se recuerda». La diferenciaresulta crucial. Nuestro trabajo no debe seguir el modelo de una obra «bien hecha», sino quedebe estar bien hecho según establecen los principios que conforman nuestro arte. Quienescumplen las normas son los escritores ansiosos e inexpertos. Los escritores rebeldes y sinformación las incumplen. Los artistas son los maestros de la forma.El guión propone formas eternas y universales, no fórmulas.Cualquier teoría sobre los paradigmas y los modelos infalibles de redacción quesirven para alcanzar el éxito comercial es un disparate. A pesar de las tendencias, de lasnuevas versiones y de las segundas partes, al analizar toda la cinematografía de Hollywooddescubrimos una sorprendente variedad de diseños narrativos, pero ningún prototipo. Tanpoco característica de Hollywood es Jungla de cristal como ¡Dulce hogar a veces!,Postales desde el filo, El rey león, This is Spinal Tap, El misterio Von Bulow, Las amistadespeligrosas, Atrapado en el tiempo, Leaving Las Vegas o miles de otras excelentes películasde docenas de géneros y subgéneros, que abarcan desde la farsa hasta la tragedia.El guión nos anima a crear obras que entusiasmen al público de los cinco continentesy que se mantengan vivas durante decenios. Nadie necesita un nuevo libro de recetas paraaprender a hacer refritos con las sobras de Hollywood. Lo que hace falta es volver a descubrirlas directrices básicas de nuestro arte, los principios conductores que dan rienda suelta altalento. Independientemente del lugar donde se realice una película –Hollywood, París,Hong Kong– si su calidad es arquetípica, producirá placer en una reacción en cadena, globaly perpetua, que la llevará de sala en sala, generación tras generación.El guión propone arquetipos y no estereotipos.Las historias arquetípicas desvelan experiencias humanas universales que se vistende una expresión única y de una cultura específica. Las historias estereotipadas hacenjustamente lo contrario: carecen tanto de contenido como de forma. Se reducen a unaexperiencia limitada de una cultura específica disfrazada con generalidades rancias y difusas.Por ejemplo, hubo un tiempo en que la tradición española establecía que las hijasdebían casarse en orden de edad, de mayor a menor. En la cultura española, una película quetratara sobre una familia del siglo XIX con un estricto patriarca, una esposa sometida, unahija mayor incasable y una hija menor hecha al sufrimiento, podría emocionar a quienesrecordaran esa costumbre, pero fuera de esa cultura es poco probable que los demás públicossintieran alguna empatía. El guionista, temiendo el limitado atractivo de su historia, echamano de los entornos, personajes y acciones familiares que en el pasado han demostrado

complacer al público. ¿Con qué resultado? El mundo se muestra aún menos interesado poresos clichés.Por otro lado, esa tradición represiva podría convertirse en material para un éxitomundial si el artista se arremangara y construyera un arquetipo. Una historia arquetípica creaentornos y personajes tan poco habituales que nuestra mirada se deleita con cada detalle,mientras la narración revela conflictos tan humanos que viajan de cultura en cultura.En Como agua para chocolate de Laura Esquivel, la madre y la hija pugnanexigiendo dependencia frente a independencia, permanencia frente a cambio, yo frente a losdemás; los conflictos que toda familia conoce. Sin embargo, Esquivel observa el hogar y lasociedad, las relaciones y el comportamiento con tanta riqueza de detalles nunca antesmostrados que nos sentimos irresistiblemente atraídos por sus personajes, fascinados por unmundo que nunca hemos conocido ni podido imaginar.Las historias estereotipadas no cruzan fronteras; las arquetípicas sí. Desde CharlieChaplin hasta Ingmar Bergman, desde Satyajit Ray hasta Woody Allen, los grandes maestrosde la narrativa cinematográfica nos proponen enfrentarnos a esa doble vertiente que todosansiamos. En primer lugar nos ofrecen el descubrimiento de un mundo desconocido. Noimporta lo íntimo o épico, contemporáneo o histórico, específico o fantasioso que sea: elmundo de un artista eminente siempre conseguirá sorprendernos como algo exótico oextraño. Como si fuéramos un explorador abriéndose paso en la selva, penetramos atónitosen una sociedad virgen, en una zona sin tópicos donde lo ordinario se convierte enextraordinario.En segundo lugar, una vez entramos en ese mundo extraño, nos encontramos anosotros mismos. Escondida en las profundidades de esos personajes y sus conflictoshallamos nuestra propia humanidad. Vamos al cine para acceder a un mundo nuevo yfascinante, para suplantar virtualmente a otro ser humano que al principio nos parece muyextraño pero que en el fondo es como nosotros, para vivir en una realidad ficticia que iluminanuestra realidad cotidiana. No deseamos escapar de la vida sino encontrarla, queremosutilizar nuestra mente de modo estimulante y experimental, flexibilizar nuestras emociones,disfrutar, aprender, aportar profundidad a nuestros días. He escrito El guión para fomentar lacreación de películas que tengan un poder y una belleza arquetípicos y que generen en elmundo ese doble placer.El guión propone minuciosidad, no atajos.Desde la inspiración hasta la versión final puede que escribir un guión requiera tantotiempo como escribir una novela. Los escritores de guiones y de prosa dan la misma densidada los mundos, personajes e historias que crean, y a menudo nos equivocamos al pensar que unguión es más rápido y sencillo de escribir que una novela simplemente porque las páginas delos guiones tengan mucho espacio en blanco. Los grafómanos rellenan páginas tanrápidamente como son capaces de teclear, pero los guionistas de películas cortan una y otravez, implacables en su deseo de expresar lo máximo con el menor número de palabrasposible. Pascal una vez escribió una extensa carta a un amigo, y en la posdata se disculpó porno haber tenido tiempo de redactar una misiva más breve. Como Pascal, los guionistasaprenden que la clave está en economizar, que la brevedad cuesta tiempo, que la excelenciaes sinónimo de perseverancia.

El guión propone realidades, no los misterios de escribir.No existe ninguna conspiración para mantener en secreto las verdades de nuestro arte.En los veintitrés siglos transcurridos desde que Aristóteles escribiera su Poética, los«secretos» de las historias han sido tan públicos como la biblioteca de la esquina. No haynada en el oficio de narrar historias que sea abstruso. De hecho, contar una historia con elobjetivo de llevarla a la pantalla parece una tarea engañosamente sencilla a primera vista.Pero cuanto más nos acercamos al centro, trabajando escena a escena para que la historiafuncione, la labor se complica paulatinamente, y nos damos cuenta de que en la pantalla nohay ningún lugar donde esconderse.Si un guionista no consigue conmovernos con la pureza de una escena dramatizada,tampoco podrá ocultarse tras las palabras, como hacen los novelistas con la voz del narradory los dramaturgos con sus soliloquios. No podrá tapar con una capa de lenguaje explicativo oemocional los agujeros de la lógica de su trama, de una motivación poco clara o de unaemoción sin tonalidades, y le resultará imposible siquiera decirnos qué pensar o qué sentir.La cámara es el temido aparato de rayos X que revela todo aquello que es falso.Amplía la vida reiteradamente y después desnuda con violencia cada giro débil o extraño denuestra historia hasta que, confusos y frustrados, sentimos tentaciones de abandonar. Sinembargo, con determinación y estudio, el rompecabezas encaja; la escritura de guiones esuna tarea repleta de preguntas pero no de misterios irresolubles.El guión propone cómo alcanzar la maestría de nuestro arte y no cómo adivinar el futurode nuestro mercado.Nadie puede enseñarnos qué se vende, qué no se vende, qué será un éxito o un fracasototal, porque nadie lo sabe. Los descalabros de Hollywood se basan en los mismos cálculoscomerciales que los mayores éxitos, si bien algunos dramas oscuros contravienen todo loestablecido por los gurús de la rentabilidad que se venden al mejor postor (Gente corriente,El turista accidental, Trainspotting), y sigilosamente conquistan las taquillas nacionales einternacionales. No hay nada garantizado en nuestro arte, por eso tantos se obsesionan con«llegar», con «el éxito» y con las «interferencias creativas».La respuesta honrada ante esos temores es que cuando escribamos con una calidadinsuperable, y no antes, conseguiremos un agente, venderemos nuestro trabajo y lo veremosfielmente reflejado en la pantalla. Si hacemos una torpe imitación del éxito del veranopasado, engrosaremos a las filas de esos mediocres que todos los años inundan Hollywoodcon miles de historias saturadas de tópicos. En lugar de obsesionarnos por nuestrasposibilidades de éxito, debemos dedicar nuestra energía a alcanzar lo sublime. Si entregamosun guión brillante y original a los agentes se pelearán por el derecho a representarnos. Aquela quien contratemos instigará una guerra de pujas entre los productores ávidos de historias yel ganador nos pagará una vergonzosa cantidad de dinero.Es más, una vez en fase de producción, nuestro guión acabado encontrará un nivel deinterferencia sorprendentemente pequeño. Nadie nos puede prometer que no se vayan aproducir fatídicas incom