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Anotación:Rafael Santandreu explica en esta obra un método claro, concreto y práctico paracaminar hacia el cambio psicológico, mejorar nuestra relación con nosotros mismos ysuperar todos aquellos pensamientos, sentimientos y creencias negativas que nosamargan la vida sin necesidad. En palabras del propio autor: “La depresión, la ansiedad yla obsesión son nuestros principales oponentes, cuando nos dejamos atrapar por ellos, loque perdemos es la facultad para vivir plenamente.” Con un estilo ameno, muydocumentado y ágil, el autor recurre a anécdotas de la vida real, extraídas tanto de suconsulta como de su historia personal, para mostrarnos que en nuestra sociedad de laopulencia somos víctimas de la “necesititis”, una irrefrenable tendencia a creer quenecesitamos cosas que en realidad no necesitamos. La “necesititis” es el auténtico viruscausante del actual síndrome de enfermedad emocional. El arte de no amargarse la vida,no solo nos ofrece las herramientas de la psicología para ayudarnos a alcanzar laestabilidad emocional, sino que nos propone un nuevo modelo de filosofía personal ysocial que nos hará más fuertes como individuos y como sociedad.2

El arte de no amargarse la vidaLas claves del cambio psicológico y la transformación personalDedicado a mi madre, M.ª del Valle, una mujer excepcional y mi primera maestra de lafelicidad.3

Después de más de veinte años de ejercicio profesional como médico de familia,durante los cuales ha disminuido progresiva-mente la percepción de equilibrio emocionalde la población, al tiempo que ha aumentado la prescripción de fármacos psicoactivos,con dudosos beneficios y controvertida eficacia, tuve la oportunidad de conocer a RafaelSantandreu.Sin duda alguna, su trayectoria profesional, su labor docente y sus aportaciones einnovaciones conceptuales le convierten en uno de los referentes actuales de mayorprestigio para los médicos asistenciales en el campo de la salud mental.Su enfoque terapéutico es heredero, en parte, de Albert Ellis, el padre de la TerapiaRacional Emotiva Conductual. Sin embargo, su adaptación del mismo va más allá porquehace hincapié en la exploración de los pensamientos, convencionalismos y creenciasirracionales que hemos adquirido a lo largo de nuestras vidas, que son causa desufrimiento y frustración, y pueden desembocar, a su vez, en malestar emocional y entrastornos psíquicos como ansiedad y de-presión. A lo largo del libro, enriquecido connumerosos ejemplos de casos reales vividos por el propio autor, se avanza en el conceptode que nuestra percepción de la realidad está, paradójicamente, en función de cómodecidimos reaccionar, lo cual también es susceptible de ser modificado por nuestropensamiento, emociones y conducta que decidimos exteriorizar. La singularidad deSantandreu radica en que ofrece las claves para volver a empezar, sin profundizarnecesariamente en el pasado del individuo, para lograr transformarnos, aceptar a los demás, ser mejores personas y, en definitiva, obtener una sensación predominante defelicidad.Como indica el autor, la vida no es fácil, y está llena de retos y acontecimientos adversos que necesitan ser resueltos. La lectura de este libro nos empuja no sólo areflexionar, sino a pasar a la acción, aunque no sin es-fuerzo, al tiempo que nos preparapara una vida futura más plena y gratificante.Deseo que el lector experimente el mismo entusiasmo que yo tuve al leer este libro,en cuya esencia creo que están las bases de una nueva era para el tratamiento de lostrastornos emocionales y adaptativos.DOCTOR MANUEL BORRELL MUÑOZEspecialista en Medicina Familiar y ComunitariaPremio a la Excelencia Profesionaldel Colegio de Médicos de Barcelona 20094

LAS BASESTRANSFORMARSE ES POSIBLE¡APOSTANDO FUERTE!Una fría mañana de invierno de 1940, un joven llamado Robert Capa guardó en lamaleta su pequeña cámara compacta Leica, una montaña de carretes nuevos y algo deropa. En el bolsillo derecho de su americana, llevaba un pasaje para embarcar en unbuque rumbo hacia la Segunda Guerra Mundial. Capa fue uno de los primeros fotógrafosde guerra de la historia del periodismo y un personaje maravilloso. Bien parecido,simpático, bebedor, valiente y, a ratos, hasta romántico, a este neoyorquino nacido enPraga le iba la aventura.En el Día D, cientos de miles de jovencísimos norteamericanos se apiñaban en lasbarcazas anfibias camino de las playas de Normandía. El terror les acompañaba al son delos estallidos de las bombas de las defensas alemanas. Muchos vomitaban el desayunoen el interior de aquellas heladas tan-quetas, pero nadie se quejaba por ello. Sus mentesno tenían tiempo para pensar en esas minucias. Entre aquellos chicos, Capa re-visabatembloroso sus cámaras una y otra vez, como si el ritual de trabajo pudiese acal-lar elruido atronador de los cañonazos enemigos.Y, de repente, un golpe seco hizo temblar la tanqueta indicando que habían llegado ala orilla. Para entonces, el ruido de las bombas era atronador, pero el sargento a cargo deaquel pelotón gritó todavía más fuerte: «¡Fuera, rápido! ¡Agrupación a veinte metros!¡Ya!», y saltó al agua fusil en alto, corriendo con el corazón bombeando a toda máquina.Los muchachos salieron tropezando con sus propias piernas, pero mantenían lamirada fija en la espalda de su superior. Lo peor sería perder al sargento, su única guía5

fiable en aquel infierno. La confusión era enorme: pelotones a la carrera por doquier,gritos, explosiones Capa iba tras ellos e hizo como los demás, tirarse sobre el suelo aunos veinte metros y clavar la mirada en el cogote del sargento. El bigotudo «veterano»de 25 años alzó de nuevo la voz para decir: «¡Otra vez, carrera de veinte metros yreagrupación! ¡Ahora! ¡Ya!». Y como propulsado por muelles se lanzó duna arriba.De los veinte chicos a los que acompañó Capa aquella mañana, sólo sobrevivierondos. Al fotógrafo únicamente le dio tiempo a tomar algunas instantáneas de esos primerosmetros de batalla antes de que le obligasen a volver en una tanqueta anfibia a uno de losbarcos aliados. Eso sí: aquellas fotos ligera-mente desenfocadas fueron los primerostestimonios de la liberación de Europa. Al día siguiente, ya estaban en la primera páginade los rotativos de Gran Bretaña y el mundo podía poner en imágenes la partida final de laguerra por la libertad del mundo.Al llegar a Londres, Capa tuvo dos días escasos de permiso que empleó bien con surecién estrenada novia británica. Varias botellas de scotch después, ya estaba a bordo deun avión desde el que se lanzaría en paracaídas cámara en ristre, para seguir lassiguientes evoluciones del ejército americano en Europa.¿Qué tiene que ver la historia de Capa con un libro sobre psicología?, se preguntaráel lector. Una sola cosa: Capa exprimió sus días, vivió intensamente. Apostó por jugarfuerte, sin temor, y cabalgó sobre su destino, sobre su vida. Fue el mejor fotoperiodista dela historia, esposo de Gerda Taro, novio de Ingrid Bergman y amigo íntimo deHemingway. Su espíritu indómito le llevó a tener una vida de película antes de morir en laguerra de Indochina a los 41 años de edad.Capa es para mí un maestro de la vida. Hay muchos otros: el explorador ErnestShackleton, el músico y escritor Boris Vian, el físico Stephen Hawking, el «superhéroe»Christopher Reeve De algunos de ellos hablaré en este libro porque estos hombres ymujeres son buenos modelos que seguir. Para el psicólogo cognitivo, representan locontrario a lo que combatimos, lo opuesto al malvivir.Y es que el principal enemigo del psicólogo es lo que llamamos neuroticismo, esdecir, el arte de amargarse la vida mediante la tortura mental. La depresión, la ansiedad yla obsesión son nuestros principales oponentes, y cuando nos dejamos atrapar por ellos,lo que perdemos es la facultad para vivir plenamente. La vida es para disfrutarla: amar,aprender, descubrir , y eso sólo lo podremos hacer cuando hayamos superado laneurosis (o el miedo, su principal síntoma).Uno de mis primeros pacientes, hace mucho tiempo ya, fue un hombre de 40 años,Raúl, que vino a visitarme porque sufría de ataques de pánico. Acudió a mi consulta entaxi acompañado por su madre. Raúl vivía atemorizado ante la idea de que, en cualquiermomento, le podía dar un ataque de ansiedad. A causa de ese miedo apenas salía decasa. A los 20 años le habían dado la baja laboral permanente y, desde entonces, vivíarecluido allí. ¡Veinte años encerrado por temor!El mayor miedo de Raúl era sufrir un ataque de nervios en medio de la calle, lejos decasa o de un hospital donde le pudieran socorrer, pero últimamente también le daba pavorver los informativos de televisión porque alguna vez le había entrado el pánico viendo6

escenas de guerra. Por ese motivo ya ni siquiera veía la tele. Es cierto que, última-mente,la programación no merece mucho la pena, pero ¡no poder verla por pánico esdemasiado!La vida de Raúl y la de Robert Capa son antitéticas: uno está en la zona gris de laexistencia y, el otro, en la del tecnicolor más brillante.¡Qué diferente es surfear la vida por en-cima de sus olas a vivir sumergido, siempremedio ahogado, vapuleado por las corrientes marinas! ¡Gozar la vida o sufrirla como sifuera un mar hostil que nos domina!Suelo decirles a mis pacientes de la consulta de Barcelona que mi objetivo global eshacerles fuertes en el ámbito emocional. Esa fuerza les permitirá disfrutar de la vida conplenitud. «Aquí no queremos vidas “normales”, grises o simplemente estables -les digo-;queremos aprender a aprovechar todo nuestro potencial.» La neurosis es un freno a laplenitud, y la salud emocional un salvo-conducto a la pasión y la diversión vital.¡SE PUEDE APRENDER!Mucha gente es escéptica respecto a la posibilidad de poder transformarse enpersonas fuertes y emocionalmente estables. En la consulta, a menudo me lo expresanasí: «Pero si he sido así durante toda mi vida, ¿cómo me podría cambiar una terapia quesólo va a durar unos meses?».La verdad es que es lógico hacerse esta pregunta porque todos tenemos la impresiónde que el carácter no se puede transformar. Mi abuelo, un tipo duro que había luchado enla guerra civil, solía decir con tono grave: «¡Si una persona no es madura a los 20 años,no lo será nunca!», y, en buena medida, tenía razón. Porque lo cierto es que no eshabitual cambiar de forma radical, pero eso no significa que sea imposible. Hoy en díasabemos que, con la guía adecuada, no sólo es posible, sino que todos, hasta el másvulnerable, pueden conseguirlo: la psicología actual ha desarrollado métodos para ello.Y éste es, precisamente, uno de mis primeros objetivos: informar al lector de quecambiar, transformarse a uno mismo en una persona sana a nivel emocional, es posible.¡Por supuesto que lo es! Tengo muchísimas pruebas que lo demuestran. Entre ellas, elcambio que han experimentado miles de personas yendo al psicólogo en todo el mundo.En realidad se trata de miles de pruebas, ya que cada uno de estos hombres y mujeresde-muestra que es posible.Sin ir más lejos, en mi blog (www.rafaelsantandreu.wordpress.com), muchos de mispacientes escriben sobre sí mismos y sus historias de superación. Yo veo a muchísimospacientes todos los años, cien-tos, y puedo afirmar con rotundidad que el cambio esposible.Como el siguiente caso real: María Luisa acudía al teatro todas las noches pararepresentar una comedia de mucho éxito en Madrid. En cuanto subía el telón, aparecía enescena con todo su esplendor y la gracia y elegancia que sólo los actores clásicosposeen. El final era siempre el esperado: casi diez minutos de aplausos ininterrumpidospor un trabajo genial. ¡Qué buena actriz, qué simpática, qué vital era María Luisa!Pero lo que el público no sabía es que, de vuelta a casa, esa misma noche, a MaríaLuisa se le mudaba el ánimo para hundirse en un pozo de depresión e inseguridad. A sus50 años, estaba en su peor momento personal, aunque por ninguna causa en particular.El problema, según le había dicho su psiquiatra, estaba en su mente. Tenía tendencia a la7

depresión y a la ansiedad. Y así llevaba demasiado tiempo, sin salir en todo el día de lacama salvo para cumplir con el trabajo que tanto amaba, pero que ya ni siquiera podíadisfrutar. Ésta es la historia real de María Luisa Merlo, la gran actriz madrileña, segúnrelata ella misma en su libro Cómo aprendí a ser feliz:Desde los 44 años hasta los 50, fue el peor período de mi vida. Podía ir de la cama alteatro y del teatro a la cama y punto. Así día tras día. Tenía miedo a los problemaseconómicos (que en realidad no tenía), miedo a la soledad, miedo al «coco», miedo atodo.En mi última depresión, era un ser encerrado total y absolutamente en mi propiamente. Cuando algo me preocupaba, una pequeña disputa, algo pequeño le podía darvueltas una y otra vez, y ese torbellino mental hacía que al final me explotaran los cables.Merlo confiesa que nunca fue una persona equilibrada. Su niñez fue hermosa, peroen cuanto empezó su vida adulta, aparecieron los trastornos emocionales. Segura-mente,tenía cierta tendencia a la depresión (lo que se llama depresión endógena), pero tambiénun carácter, una visión del mundo, que la hacía vulnerable. En su caso, la cosa secomplicó con el empleo de drogas recreativas y de fármacos auto-prescritos: «En miprimera depresión, empezaron a recetarme hipnóticos y calmantes y empecé a aficiónarme a las pastillas. Pastillas para dormir, pastillas para espabilarse, pastillas para todo.Había días que podía llegar a tomar diez o quince pastillas de cosas diferentes, porque yotenía tendencia a ser adicta a cualquier cosa. También fui adicta al hachís y a la cocaína».En fin, a sus 50 años de edad, la entrañable actriz tenía un mal pronóstico. Supeculiar mente le hacía la vida muy complicada y el problema sólo hacía que aumentarcon los años. Pero, en un momento dado, su historia dio un vuelco. Un reducto deesperanza y sus inagotables ganas de luchar por ella misma le hicieron ponerse enmanos de terapeutas y guías para el cambio: «Y, pasito a pasito, salí de la depresión co